En pleno Casco Medieval de Vitoria-Gasteiz, entre las calles Herrería y Zapatería, se encuentra uno de los edificios históricos más curiosos de la ciudad: el Palacio Álava-Esquível.
Construido entre 1488 y 1535, este palacio renacentista destaca no solo por su valor patrimonial, sino por un detalle que sorprende incluso a muchos vitorianos: su propietario es la ciudad marroquí de Tánger.
La explicación se encuentra en una compleja historia de herencias y cambios políticos del siglo XX. El Duque de Tovar legó sus bienes al protectorado español y, tras la independencia de Marruecos y la integración de Tánger en el nuevo reino, la ciudad pasó a heredar diversas propiedades históricas repartidas por España, entre ellas el palacio vitoriano.
El edificio ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de los siglos y se desconoce cuál fue exactamente su aspecto original. Además, conserva elementos singulares, como un antiguo reloj relacionado con un navío inglés apresado en el siglo XVIII.
La curiosidad no termina ahí. El Palacio Álava-Esquível cuenta incluso con una reproducción en el Poble Espanyol de Montjuïc, en Barcelona, lo que lo convierte en uno de los pocos edificios vitorianos replicados en ese recinto.
Más allá de su estado actual, el palacio sigue siendo una de las historias más sorprendentes del Casco Viejo: un edificio renacentista alavés que, por los giros de la historia, terminó vinculado a una ciudad situada al otro lado del Estrecho.
