Hoy es una tradición habitual en Vitoria-Gasteiz y en muchas ciudades de España, pero el pintxopote tuvo un origen muy concreto. Nació en 2004 en la calle Gorbea como una iniciativa para dinamizar la hostelería y el comercio de la zona.
El impulsor fue Víctor Manuel Ibáñez, que importó la idea tras un viaje a Chiclana. Allí descubrió una fórmula muy popular: acompañar cada consumición con una tapa. De regreso a Vitoria, propuso adaptarla al estilo local ofreciendo un pintxo y un vino por un euro, una propuesta que en un principio despertó dudas entre los hosteleros.
Para que el proyecto fuera rentable, los establecimientos acordaron comprar el mismo vino a un único proveedor, reduciendo costes. Poco a poco la iniciativa fue ganando adeptos hasta convertirse en un auténtico fenómeno social.
Los jueves, la calle Gorbea se llenaba de vecinos y visitantes que recorrían los bares disfrutando de la oferta. Incluso se pusieron en marcha cartillas con sellos que permitían participar en sorteos de premios como scooters, botellas de vino e incluso un coche.
El éxito fue tal que el modelo se extendió rápidamente a otros barrios de Vitoria-Gasteiz, a municipios alaveses y posteriormente a ciudades como Pamplona o Badalona. Dos décadas después, el pintxopote sigue formando parte de la cultura hostelera de la ciudad, aunque adaptado a los nuevos tiempos y con una oferta más variada que la original.
Hoy es una tradición habitual en Vitoria-Gasteiz y en muchas ciudades de España, pero el pintxopote tuvo un origen muy concreto. Nació en 2004 en la calle Gorbea como una iniciativa para dinamizar la hostelería y el comercio de la zona.
El impulsor fue Víctor Manuel Ibáñez, que importó la idea tras un viaje a Chiclana. Allí descubrió una fórmula muy popular: acompañar cada consumición con una tapa. De regreso a Vitoria, propuso adaptarla al estilo local ofreciendo un pintxo y un vino por un euro, una propuesta que en un principio despertó dudas entre los hosteleros.
Para que el proyecto fuera rentable, los establecimientos acordaron comprar el mismo vino a un único proveedor, reduciendo costes. Poco a poco la iniciativa fue ganando adeptos hasta convertirse en un auténtico fenómeno social.
Los jueves, la calle Gorbea se llenaba de vecinos y visitantes que recorrían los bares disfrutando de la oferta. Incluso se pusieron en marcha cartillas con sellos que permitían participar en sorteos de premios como scooters, botellas de vino e incluso un coche.
El éxito fue tal que el modelo se extendió rápidamente a otros barrios de Vitoria-Gasteiz, a municipios alaveses y posteriormente a ciudades como Pamplona o Badalona. Dos décadas después, el pintxopote sigue formando parte de la cultura hostelera de la ciudad, aunque adaptado a los nuevos tiempos y con una oferta más variada que la original.
