Con solo 21 años, Salma Solaun ya ha conseguido lo que muchos deportistas persiguen durante toda una vida: competir en unos Juegos Olímpicos. La gimnasta vitoriana, integrante de la selección española de gimnasia rítmica, representó a España en París 2024 tras una trayectoria marcada por el esfuerzo, la constancia y el sacrificio.
Su historia comenzó cuando apenas tenía tres años. Sus padres decidieron apuntarla a gimnasia para ayudarle a canalizar la energía que desprendía. Lo que empezó como una actividad extraescolar terminó convirtiéndose en una auténtica pasión. Según ha contado su familia, Salma llegaba a casa después de entrenar y seguía creando coreografías en el salón, donde más de una lámpara acabó pagando las consecuencias.
El talento apareció muy pronto. Con 10 años ganó una competición con más de un centenar de participantes y, desde entonces, su progresión fue imparable. Con apenas 14 años ya había logrado una medalla en el primer Campeonato del Mundo júnior.
Para seguir creciendo tuvo que dejar Vitoria y trasladarse al Centro de Alto Rendimiento de Madrid, una decisión que supuso alejarse de su familia siendo todavía una adolescente. Aunque ha reconocido que la adaptación no fue sencilla, ese paso resultó decisivo para consolidarse en la élite. Hoy, además de formar parte de la selección española, compagina el deporte de alto nivel con sus estudios de Ingeniería Matemática en la Universidad Complutense de Madrid.
