Los árboles aparecen blancos, las ramas acumulan pequeños cristales y el paisaje recuerda a una nevada. Sin embargo, no siempre ha caído nieve: detrás de esta estampa puede estar la cencellada, un fenómeno que se produce cuando coinciden la niebla y las temperaturas bajo cero.
Su origen está en las diminutas gotas de agua suspendidas en la niebla. Aunque se encuentran a temperaturas negativas, pueden permanecer en estado líquido. Al entrar en contacto con superficies como ramas, hojas, cables o barandillas, se congelan y forman depósitos blancos de hielo.
El resultado puede adoptar formas de agujas o plumas que recubren la vegetación y crean imágenes especialmente llamativas. El viento también influye en cómo se acumula ese hielo sobre los objetos expuestos.
Para identificarla, conviene recordar que una mañana de niebla en Vitoria-Gasteiz no implica necesariamente que haya cencellada: debe producirse la congelación de esas gotas sobre las superficies.
Por eso, cuando el frío deje una estampa blanca en la ciudad, merece la pena observar los detalles. Las ramas pueden ofrecer una pista: ese manto blanco podría haberse formado sin que haya caído un solo copo de nieve.
