Mikel Landa ha vuelto a levantar los brazos en La Vuelta. El ciclista de Murgia se ha impuesto en la etapa reina, entre La Calahorra y el Collado del Alguacil, después de protagonizar un ataque en el último puerto que le permitió dejar atrás a sus dos compañeros de fuga y afrontar en solitario los kilómetros finales.
La victoria tiene un significado especial para el alavés. Han tenido que pasar 11 años desde su último triunfo en la ronda española para volver a verle celebrar una etapa. Y lo ha hecho después de atravesar uno de los momentos más complicados de su carrera.
El pasado mes de abril, durante la Itzulia, Landa sufrió una caída después de ser embestido por un coche médico. El accidente le provocó una fractura de pelvis y le obligó a perderse dos grandes citas del calendario: el Giro de Italia y el Tour de Francia. Meses después, el propio corredor reconocía que había arrastrado molestias y que estaba viviendo una etapa especialmente dura.
Pero Landa volvió a competir. Y lo ha hecho fiel a su filosofía: atacar, resistir y correr con personalidad. La emoción en su llegada a meta ha puesto el broche a una jornada muy especial para el ciclismo alavés. Desde Murgia, la misma localidad que vio crecer a Unai Simón, Landa vuelve a poner a Zuia en el mapa. Y, además, lo hace antes de regresar la próxima temporada al Euskaltel-Euskadi, el equipo donde comenzó su carrera profesional.
